domingo 22 de marzo de 2009

Santiago Corchete

ANTÍFONA DE LUZ

I
Esa voz marcescente que despierta
poro a poro el acopio de vivir,
y riega con sus llamas insurgentes
el pulso de la tierra; que amanece
de murmurios y sin vacilación
en los labios de mórbidos parénquimas,
abriéndose al azar
cuando todo se enciende de equinoccios
y conquistas, ya húmeda la sed,
posesivo y también
progresivo, proteico, prometeico,
difuso y apremiante.
Ese don, esa fe, esa constancia
que pervive en la urdimbre de las cosas
hasta hacerlas milagro repetido,
cuando los ojos hablan a los ojos
acogidos al tímido rescoldo
de la adolescencia:
ese amor
potestad de dominios que, cual luna,
recorriera los ámbitos del cosmos
y alumbrara el vacío con la misma
certera asiduidad,
que una gota de agua fertilísima
dispuesta a fecundar a los océanos
con semillas de hondas redenciones
incoloras y urgentes porque cíclicas.

Santiago Corchete